Las imágenes que llegan desde Venezuela, tras el devastador terremoto han conmovido a toda Nuestra América. Familias que lo han perdido todo, comunidades enteras afectadas y una infraestructura, seriamente dañada nos recuerdan, una vez más, que ante los fenómenos naturales, no pueden prevalecer las diferencias políticas, sino el principio de la solidaridad entre los pueblos.
Si realmente existe voluntad de contribuir a la recuperación de Venezuela, resulta indispensable que EEUU y la Unión Europea, liberen recursos pertenecientes al Estado venezolano, que permanecen congelados o restringidos en el exterior, así como aquellos derivados de sus actividades económicas, cuya utilización ha sido limitada por diferentes mecanismos de sanciones, puedan destinarse de manera inmediata a la atención de esta emergencia.
En momentos en que miles de familias requieren atención médica, alimentos, agua potable, viviendas temporales y la reconstrucción de hospitales, escuelas, carreteras y demás infraestructuras esenciales, el acceso a esos recursos adquiere un carácter profundamente humanitario.
Devolver el acceso a los recursos del propio Estado venezolano, constituye una medida coherente con cualquier llamado internacional a la solidaridad y a la protección de los derechos humanos.
Cada vez que un terremoto sacude un país del Caribe o de América Latina, la misma pregunta vuelve a surgir entre los dominicanos, ¿podría ocurrir algo similar en la República Dominicana? La respuesta de la ciencia es clara. No se puede saber cuándo ocurrirá un gran terremoto, pero sí se sabe que ocurrirá en algún momento. La verdadera discusión, por tanto, no debe centrarse en el miedo al próximo sismo, sino en una pregunta mucho más importante, ¿está realmente preparada la República Dominicana para enfrentarlo?
La isla ocupa una posición geográfica privilegiada para el turismo y el comercio, pero también una de las más complejas, desde el punto de vista geológico. La Española se encuentra en el límite entre las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica, donde la energía acumulada durante décadas o siglos termina liberándose en forma de terremotos.
Las fallas Septentrional y Enriquillo-Plantain Garden, son estructuras activas responsables de gran parte de la actividad sísmica regional, mientras que otros sistemas tectónicos, como la Fosa de los Muertos, incrementan la complejidad del riesgo sísmico nacional. Las investigaciones geofísicas más recientes continúan confirmando la elevada actividad tectónica de esta región.
Sin embargo, la historia demuestra que los terremotos no son los verdaderos asesinos. Lo que convierte un fenómeno natural, en una tragedia humana es la vulnerabilidad. Un terremoto de magnitud similar puede dejar centenares de víctimas en un país y apenas unas pocas decenas en otro, Japón y Chile. La diferencia radica en la calidad de las edificaciones, el cumplimiento de las normas de construcción, la planificación urbana, la educación ciudadana y la capacidad de respuesta de las instituciones.
El ejemplo más dramático continúa siendo Haití. En enero de 2010 un terremoto de magnitud 7.0 provocó una de las mayores catástrofes humanitarias de la historia reciente del continente. Más de doscientas mil personas perdieron la vida y millones resultaron afectadas. Once años después, en 2021, otro terremoto volvió a demostrar que las mismas debilidades estructurales seguían presentes. Aquellas tragedias no fueron únicamente consecuencia de la fuerza de la naturaleza; fueron también el resultado de décadas de pobreza, crecimiento urbano desordenado, construcciones sin supervisión técnica y una limitada capacidad institucional para responder a una emergencia de semejante magnitud.
La República Dominicana, posee condiciones institucionales superiores a las de Haití, pero ello no significa que estemos libres de riesgos. Gran parte del parque habitacional dominicano fue construido antes de la aplicación rigurosa de normas sismorresistentes, sin supervisión profesional. A ello se suman ampliaciones improvisadas, materiales de baja calidad y edificaciones que nunca han sido sometidas a evaluaciones estructurales.
La preocupación no se limita a las viviendas particulares; hospitales, escuelas, edificios públicos, puentes e infraestructuras estratégicas, también deben ser evaluados permanentemente, pues su funcionamiento durante las primeras horas posteriores a un terremoto puede marcar la diferencia entre salvar miles de vidas o agravar una tragedia.
En este aspecto, la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (ONESVIE), ha impulsado la actualización del Plan Nacional para la Reducción del Riesgo Sísmico, la coordinación de la denominada Mesa Sísmica RD, evaluaciones de edificaciones críticas y simulacros nacionales de evacuación. Estas iniciativas reflejan una comprensión cada vez mayor de que la prevención es mucho menos costosa que la reconstrucción.
No obstante, sería un error asumir que estos avances son suficientes. La propia ONESVIE ha advertido recientemente que el riesgo sísmico en el país sigue siendo una realidad latente y que es indispensable continuar reduciendo la vulnerabilidad estructural mediante inspecciones técnicas, reforzamientos, educación ciudadana y una mayor cultura de prevención. También ha recordado que numerosas edificaciones construidas antes de las normas modernas requieren evaluaciones para determinar su comportamiento frente a un sismo importante.
La realidad es que un desastre de la magnitud del doble terremoto, ocurrido en Venezuela, supera la capacidad de respuesta inicial de prácticamente cualquier país. Incluso las naciones con los sistemas de protección civil más avanzados recurren a la cooperación internacional cuando enfrentan eventos de esta escala.
El país cuenta con un Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, integrado por instituciones como el Centro Nacional de Sismología de la UASD, la ONESVIE, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), la Defensa Civil y el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1.
La experiencia acumulada en la respuesta a huracanes, la existencia de protocolos de actuación, la realización de simulacros y la coordinación interinstitucional constituyen fortalezas importantes.
Sin embargo, un terremoto de gran magnitud pondría a prueba la capacidad de respuesta del Estado, debido a desafíos como la vulnerabilidad de hospitales e infraestructuras antiguas, la congestión vial que dificultaría las labores de rescate, la limitada disponibilidad de equipos especializados de búsqueda y rescate urbano (USAR), la complejidad de inspeccionar miles de edificaciones en poco tiempo y la alta exposición de los asentamientos informales, donde la autoconstrucción incrementa significativamente el riesgo para la población.
Existe además un desafío del que se habla poco, la planificación territorial. Hoy la tecnología permite identificar con gran precisión las zonas de mayor amenaza mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG), integrar información sobre densidad poblacional, vulnerabilidad de edificaciones, infraestructura crítica y rutas de evacuación, y construir escenarios que faciliten la toma de decisiones antes de que ocurra un desastre.
La gestión moderna del riesgo, ya no depende únicamente de ingenieros estructurales; requiere también de geógrafos, urbanistas, especialistas en información espacial, autoridades locales y comunidades organizadas.
Prepararse para un terremoto no significa vivir con miedo. Significa construir mejor, supervisar mejor, educar mejor y planificar mejor. Cada escuela reforzada, cada hospital evaluado, cada simulacro realizado y cada ciudadano capacitado representan vidas que podrían salvarse en el futuro.
La República Dominicana, no puede impedir que ocurra un gran terremoto. Ningún país puede hacerlo. Lo que sí puede decidir es si ese día enfrentará una emergencia manejable o una tragedia nacional. La historia de Haití demuestra el costo de ignorar la vulnerabilidad; la experiencia internacional confirma que la prevención salva vidas. La pregunta ya no es si el próximo gran terremoto llegará. La verdadera pregunta es si habremos hecho todo lo necesario antes de que llegue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario