01 octubre 2026

Micro del calzado artesanal resiste a desaparecer


Santiago. A pesar su notable disminución de lo que por años fue el sustento de cientos de familias en el sector Pueblo Nuevo en Santiago, aún permanecen activas algunas microempresas de calzado artesanal.


El oficio de coser zapatas a mano ha servido de base económica a numerosas familias y aunque el mayor apogeo de esta industria tuvo lugar durante la década de 1980, en sectores como Baracoa, La Joya y Pueblo Nuevo, todavía algunos sobreviven con esa labor.

Son los zapateros ambulantes, en este sector operan tres microempresas, una ubicada en el barrio el Congo y dos en Pueblo Nuevo, que confeccionan desde botas hasta zapatos de cuero.

Pablo Torres, quien lleva más de 50 años en el oficio, recuerda que en el pasado hasta en los callejones podían encontrarse talleres improvisados, donde padres junto a sus hijos remendaban sin saber que aquel trabajo se convertiría en un referente cultural del pueblo santiaguero.

Torres lleva un tiempo establecido debajo del boulevard a la entrada a Pueblo Nuevo, donde allí sentado en una silla cose “zapatos criollos”.

Asegura que la competencia desleal es un factor determinante que ha disminuido la mano de obra de zapatos artesanales, al punto de que apenas le permite sobrevivir.

Recordó cómo tiempo atrás en los alrededores del lugar operaban simultáneamente entre 12 y 15 zapaterías, de las cuales dijo quedan “tres o cuatro”.

Historia

Pablo Torres reconoció que durante décadas coser y remendar zapatos fue la actividad que le permitió sustentar a su familia económicamente.

Para el artesano, la reducción de estos establecimientos representa también un cambio en las zonas donde durante años se desarrolló esta actividad.

Los talleres que antes formaban parte del movimiento cotidiano de estos sectores son cada vez menos frecuentes, mientras quienes permanecen en el oficio buscan la manera de mantenerse a flote frente a la incertidumbre.
Sin embargo, el no poseer la maquinaria requerida para la elaboración de un calzado desde cero es una debilidad que tienen algunos artesanos.

En la calle 6 de Septiembre del sector El Congo opera una de las pequeñas fábricas que han permanecido en pie. En esta microempresa laboran ocho hombres cuyas funciones van desde el corte inicial del cuero hasta las complejas fases de ensamblaje, montaje y cosido final. En esta microempresa laboran ocho hombres cuyas funciones van desde el corte inicial del cuero hasta las complejas fases de ensamblaje, montaje y cosido final.

La fábrica dispone de prensas hidráulicas para el corte de piezas, conformadoras para el montaje del talón y otros equipos, el trabajo no abunda.

José Ramón Vargas, montador, indicó que hay ocasiones en las que laboran una “semana sí y otras no”. Confesó sentirse desamparado.

“El zapatero está huérfano, no nos han apoyado” expresó, el montador, con aparente inconformidad por la poca atención, que, según él, brinda el Gobierno a ese sector laboral. Dice que, mientars el mercado local decae, el extranjero florece.

Su compañero Carlos Núñez cuenta que ha abandonado el oficio en varias ocasiones, pero vuelve y lo retoma porque es lo que mejor sabe hacer para “ganarse la vida”.

Pablo González García lleva el oficio grabado en las manos y en la memoria. Narra que comenzó a trabajar entre suelas, hormas y pegamentos cuando apenas tenía 12 años.

Recordó las muchas veces que su padre, Amado González, lo llevó a él y sus cuatro hermanos a transitar las calles de San Pedro de Macorís, su lugar natal, en busca de clientes para remendar los calzados de la época. l Denisse minaya El oficio fue sustento de muchas generaciones
Otra microempresa activa en la citada localidad confecciona y empaca los tradicionales zapatos negros escolares que son suministrados por el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie) a estudiantes junto con la vestimenta escolar. Estas pequeñas empresas mantienen una parte del proceso de elaboración del calzado en funcionamiento, mientras otros trabajadores continúan realizando reparaciones desde las calles. Tal es el caso de Manuel Rodríguez, quien desde el 2021 arregla zapatos en las inmediaciones del Mercado Central de Pueblo Nuevo. Los aretesanos enfrentan cada jornada con la esperanza de mantener vivo un oficio que, durante generaciones, fue el sustento de vida.

No hay comentarios:

Director de Senasa asegura médicos apresados por desfalco, ya estaban inhabilitados

El director ejecutivo del Seguro Nacional de Salud (Senasa), Edward Rafael Guzmán Padilla, aseguró este jueves que los médicos apresados en...