No me dejes caer jamás”, fue la inocente frase tatuada que le costó su movilidad y la vida de su primer hijo a una adolescente colombiana de 16 años.
Luisa Fernanda Buitrago se hizo tatuar la expresión debajo del seno derecho cuando tenía 14 años en casa de un vecino de su natal Monterrey por el precio de 13 dólares.







