19 abril 2026

Radiografía de una sociedad enferma por los views, una policía que no funciona y la falta de humanidad


La muerte de Deivy Carlos Abreu Quezada no solo duele por la forma brutal en que ocurrió. Duele aún más por lo que revela de la sociedad dominicana actual.

No fue solo un asesinato.

Fue una cadena de fallas humanas, institucionales y sociales que terminaron en tragedia.

Primero: la obsesión por grabar antes que ayudar
Mientras el hombre se desangraba, alguien decidió sacar un celular. No para llamar al 911.

No para buscar ayuda.
No para intentar salvarlo.

Sino para grabar.

Peor aún, convertir sus últimos minutos en una especie de “entrevista”, mientras la vida se le escapaba.

Este comportamiento no es un caso aislado. Es el reflejo de una realidad incómoda: hoy, para muchos, el contenido vale más que la compasión.

Los “likes”, las vistas y la viralidad están desplazando lo más básico: la humanidad.

Se está perdiendo algo esencial.
La capacidad de reaccionar como personas, no como espectadores.

Segundo: una respuesta que nunca llegó
Según los reportes, la víctima buscó ayuda en un destacamento policial.

Pidió auxilio.

Y no lo recibió.

Ese punto es quizás uno de los más graves de toda la historia. Porque cuando un ciudadano corre hacia la autoridad, lo hace con la esperanza de protección.

Si ese refugio falla, entonces ¿a dónde corre la gente?

Aquí no se trata de atacar por atacar, sino de una realidad que necesita revisión profunda: la respuesta institucional ante emergencias sigue dejando dudas, y en casos como este, las dudas cuestan vidas.

Tercero: la peligrosa cultura de la turba
Todo comenzó, presuntamente, por un incidente menor de tránsito.

Un rebase.

Nada que justifique una persecución.

Nada que justifique una muerte.

Sin embargo, varios motoristas decidieron tomar la justicia en sus manos. Lo persiguieron. Lo acorralaron. Y finalmente, lo atacaron.

Este comportamiento evidencia un problema serio: la normalización de la violencia colectiva.

Cuando una multitud se siente con derecho a castigar, sin ley ni proceso, la sociedad entra en una zona peligrosa.

Porque hoy fue él.

Mañana puede ser cualquiera.

Una tragedia que nos retrata
Este caso no es solo un hecho aislado. Es un espejo.

Un espejo donde se refleja:

* Una sociedad que documenta antes de ayudar
* Instituciones que deben responder mejor
* Y ciudadanos que, en grupo, pueden perder el control

La muerte de Deivy Carlos Abreu Quezada no debería quedarse en una noticia más.

Debería ser un punto de inflexión.

Porque cuando una persona puede morir rodeada de gente, cámaras y autoridades… y aun así no ser salvada, el problema no es solo el crimen.

Es todo lo que lo permitió.

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