Con una sonrisa en su rostro, cuatro cubetas con agua, una hidrolavadora a presión, un poco de shampoo, una esponja desgastada y un trozo de tela, Carlos Ramírez trabaja. Él lava autos.
A sus 40 años, ha convertido una acera de la calle Paseo de los Aviadores, en el ensanche Miraflores, en su propia empresa al aire libre; un espacio donde el presupuesto y las directrices del mercado las dicta él.
Cuenta que, aunque ve venir su próximo sueldo sobre cuatro ruedas, tiene una regla fundamental: cobra según la marca del vehículo.
Le basta con escuchar el sonido del motor y clavar la mirada en el logo del capó. Su catálogo de precios varía si llega un Audi, BMW, Chevrolet, Daihatsu, Ford, Honda, Infiniti, Isuzu, Jeep, Kia, Toyota o Nissan.
“Me va bien lavando carros aquí. A veces cobro RD$500 o RD$400, pero depende. Depende del tipo de vehículo y del dueño. Todo va a depender”, afirma sonriendo Ramírez, quien lleva al menos 10 años en este negocio.
Entre sus gamas de vehículos que alcanzan un pago de 500 pesos, destacan la Chevrolet, Mercedes Benz, Cherokee y otros autos. Mientras que la marca Toyota es considerada común y solo cobra 400 pesos.
Las ganancias
Carlos Ramírez no tiene sueldo fijo, pero a diario su misión es no retornar a casa con las manos vacías.
Con una jornada laboral que inicia a las 8:30 de la mañana y termina a las 5:00 de la tarde, día tras día, bajo el sol radiante, estira los brazos y dobla la espalda y rodillas para dejar impecable el vehículo de un extraño, narra. En un día yo lavo 10 y 12 vehículos entre carros y jeepetas, pero hay días que solo lavo cinco y a veces nada. Pero gano más de RD$15,000 y a veces RD$20,000 mensual”, asegura.
Al ser consultado acerca de la inversión que debe hacer para obtener los suministros y artículos, el emprendedor señaló que el costo en "mínimo", debido a que se abastece de empresas cercanas.
“El agua siempre me la consiguen de las compañías que están por aquí, porque me dan la mano amiga; ellos son generosos, pero esta máquina y las cubetas son mías (la hidrolavadora) y solo tengo que comprar shampoo”, puntualiza.
Expresa con orgullo que esta labor es “honrada” y “digna" porque prefiere dedicar su vida al lavado de vehículos que caer en los vicios o trabajar para otra persona.
Narra que antes de instalar el lavado de automóviles ambulante, laboraba en una fábrica de bizcocho, pero debido a que no quería recibir groserías, optó por irse.
“Yo no nací para que me estén echando muchos boches, entonces como yo no le aguanto muchas cosas a la gente, decidí emprender por estos lados”, expresa.
Ramírez vive solo y no tiene pareja, pero trabajando de forma independiente ha logrado mantener a su hija de 17 años.
"Ellos me dejan la llave"
Aunque para muchos solo es "el muchacho del lavado", decenas de personas que laboran en las empresas e instituciones aledañas confían en él: "me dejan las llaves de sus vehículos para que los limpie".
“Las empresas me dan el permiso de estar aquí. Viene gente de todos los lados a lavar sus vehículos, porque en esto solo hay que ser un poco serio. La gente confía en mí, me dejan la llave y, como no se le pierde nada, el negocio se mantiene”, dice.
En su búsqueda de mantener un trato cortés con los clientes, al momento de que las personas desean adquirir sus servicios, les explica las reglas y el monto.
“A la gente hay que ponerle claro desde un principio y, si no quiere, hay diez mil opciones. Todo el mundo tiene su método. Todo el mundo tiene su método de hacer sus cosas; hay gente que es muy flexible, otros no más estrictos, entonces todo el mundo tiene su método. Pero yo tengo el método mío”, reafirma.
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