“Esta mañana he amanecido un poco temblorosa”, comentó doña Alba Eneida Reynoso, de 102 años, al recibirnos en su casa, en Sainaguá, San Cristóbal, en la región Sur.
Su hija, Gladys, le acomodaba los pies encima de un mueble para que no se cansara, por problemas de circulación.





